Hace unos días se cumplía el primer mes de competición NCAA, marcado -como es costumbre- por los ya tradicionales torneos que dan el pistoletazo de salida a la temporada. Durante estos primeros treinta días hemos sido testigos de muchas sorpresas a nivel de universidades, debuts esperados de freshmen, actuaciones espectacular y un Top 25 siempre cambiante.

El campeón olvidado

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Más de 20 años llevan los Bruins sin acechar un campeonato universitario. Ni Steve Lavin, ni Ben Howland lograron devolver a la cúspide al histórico programa angelino, y bajo la tutela de Steve Alford parece que poco a poco comienzan a aparecer resquicios de lo que antaño era el orgullo ganador de los Bruins.

Un equipo construido sobre la veteranía de jugadores como Bryce Alford e Isaac Hamilton, y que sin embargo han acabado sucumbiendo ante el empuje de la nueva oleada de freshmen que ha aterrizado este curso a Los Angeles: el versátil y enérgico T.J. Leaf, un californiano de raíces israelíes que ha cautivado a medio país con su entrega y lucha bajo aros; el pívot Ike Anigbogu, un portento físico y gran reboteador que complementa el buen hacer de Leaf bajo aros; y especialmente el chico que ha traído magia a la NCAA este curso y ha seducido a medio mundo hasta -incluso- ser considerado como futuro número uno del próximo draft: el base Lonzo Ball.

Durante este mes, UCLA ha sorprendido a propios y extraños dada su facilidad anotadora y su contundencia ofensiva. A día de hoy, doce victorias en doce encuentros, destacando la victoria ante una de las grandes favoritas nacionales, Kentucky Wildcats, tras endosarles 97 puntos, la mayor anotación en contra de la era Calipari, siendo además en el Rupp Arena. Bien es cierto que se le echa de menos algún duelo de mayor envergadura en su calendario non-conference, donde quitando el duelo ante los Wildcats se ha enfrentado a Michigan y Ohio State como rivales más destacados. Habrá que seguirles y verlos en acción ante rivales más potentes, especialmente fuera de su cancha, pero una cosa es segura: han metido mucho miedo en apenas un mes de competición, y su techo podría estar en la mismísima final de la NCAA.

Un invitado inesperado

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Sorpresas han habido muchas en estas primeras semanas, pero pocos apostaban a que los Baylor Bears iban a tener un rendimiento como el que están teniendo. A día de hoy, número 4 a nivel nacional por delante de los dos grandes programas favoritos para este año, Duke y Kentucky, y sumando once victorias en once encuentros. Además, a diferencia de lo que comentaba anteriormente con UCLA, su camino hasta ahora no ha sido un camino de rosas. Se han ganado su posición a nivel nacional dejando por el camino a cuatro Top 25: Oregon, Michigan State, Louisville y Xavier, además de algunos duelos ante rivales nada sencillos como VCU o FGCU. Chapó para los de Waco.

La seguridad y dinamismo que ha aprovisionado Scott Drew a los Bears este año está siendo impresionante. Con un Johnathan Motley desatado en la pintura como principal referencia, los texanos afrontan cada partido como un reto nuevo, y la complicidad y energía de todos los jugadores sobre la pista es digna de grabarse en vídeo para que los más pequeños aprendan que el baloncesto no es solamente saber meter puntos.

Sus duelos en la Big XII estas próximas semanas definirán el lugar exacto de Baylor de cara al próximo torneo final, pero lo que está claro es que son un equipo a considerar muy seriamente y no se conformarán con pasar un par de rondas.

Los campeones no dan su brazo a torcer

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Mucho se ha hablado este verano de las ausencias de Villanova Wildcats tras su campeonato nacional del pasado curso, y el hándicap que suponía el no contar con su principal recruit para este curso, Omari Spellman, por problemas de elegibilidad. Pero haciendo honor a su orgullo de campeón, los de Jay Wright no se bajan de lo más alto de todos los rankings, y desde el pasado 12 de marzo -esa tremenda final de la Big East Conference ante Seton Hall en el Madison- aún no conocen la derrota.

Los de Pennsylvania suman también once victorias esta temporada, aunque bien es cierto que sus únicos dos rivales de nivel en lo que llevamos de calendario -Purdue y Notre Dame- se las hicieron pasar canutas para lograr la victoria. Ni mucho menos desmerezco el gran inicio de temporada que llevan, pero quizás ese número uno nacional puede quedárseles grande dentro de muy poco.

Pero hablar de Villanova en estas semanas es hacerlo sin paliativos de Josh Hart. Era sabido por todos que iba a coger las riendas del equipo este curso, pero el nivel que está mostrando y la superioridad con la que tutea a sus rivales y sobre la pista es abrumadora. A día de hoy, y más viendo el teórico favoritismo de los Wildcats a final de temporada, es el más claro favorito al Player of the Year. Ante St. Joseph, incluso, sumó su primer triple-doble de su carrera. Lo mejor de todo, es que Hart no está solo, y es que compañeros como Kris Jenkins o los jóvenes Jalen Brunson y Mikal Bridges están mostrando una regularidad pasmosa en cuanto a aportación individual, dotando al equipo de una versatilidad que pocos imaginábamos.

Los favoritos, on the bubble

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No me olvido de los grandes programas universitarios candidatos a todo este curso, pero llama la atención que en estas primeras semanas de la competición las portadas de diarios norteamericanas no se llenen de noticias sobre el recruitment de John Calipari en Kentucky, de las jóvenes y prometedoras estrellas de Coach K en Duke, de la siempre experimentada y batalladora plantilla de Roy Williams en North Carolina o la regularidad que siempre aporta Bill Self en Kansas. Pero no nos engañemos, están ahí, latentes. Los torneos de conferencia dictarán sentencia, y serán de los primeros en encontrar rivales en el próximo Selection Sunday.

Los Wildcats se han visto condicionados por su derrota ante UCLA a principios de este mes, algo que les ha devuelto a tener los pies en la tierra tras un inicio fulgurante. Parte de esa confianza perdida la han recuperado recientemente con su espectacular victoria ante North Carolina (un partido inolvidable, de obligada visión), y donde Malik Monk ha subido como la espuma de cara al próximo draft. También suma un gran inicio de temporada De’Aaron Fox, donde tanto él como Monk le han comido el protagonismo a un Isaiah Briscoe que partía como principal buque insignia del programa. Se echa en falta algo más de presencia interior, pese a las buenas condiciones de Bam Adebayo. A mi, personalmente me fascina la evolución que pueda seguir Wenyen Gabriel, un glue-guy muy poco frecuente en los equipos de Calipari últimamente.

Aunque Duke ha sumado alguna victoria de mérito este año, le ha pasado como con los Wildcats, y es que la derrota sufrida a principios de temporada ante Kansas le ha quitado méritos de cara al ranking nacional, pese a que su temporada está siendo bastante buena. Sin embargo, el equipo de Coach K ha tenido que lidiar contra viento y marea por culpa de las lesiones. Sus tres grandes recruits, Jayson Tatum, Marques Bolden y Harry Giles, han arrancado el año lesionados, y de hecho Giles aún sigue a la espera de debutar. Incluso, Grayson Allen ha tenido algún que otro susto durante estas semanas. Pese a ello, la brutal rotación de los de Durham les ha permitido mantener el nivel pese a las bajas, y es digno de mención el gran inicio de jugadores como Luke Kennard, Amile Jefferson y el también novato Frank Jackson, que le han quitado mucho protagonismo a un Allen que -pese a todo- sigue siendo la principal referencia del equipo en ataque.

Un cuadro similar tienen en la vecina Chapel Hill, donde Roy Williams se ha encontrado de bruces con la importante lesión en un pie de Theo Pinson que le ha limitado mucho la rotación exterior, más aún cuando esta última semana también ha perdido por el mismo motivo a Joel Berry. Pese a que vienen de bajón tras la derrota ante Kentucky en Las Vegas, los Tar Heels han arrancado la temporada a un buen nivel, con un Justin Jackson que ha cogido las riendas del programa a nivel ofensivo. Destacar además la mejora física de Kennedy Meeks y la constancia de Joel Berry en la posición de base, aunque en muchas ocasiones se dependa de él en exceso.

Por su parte, los Jayhawks vienen este año haciendo menos ruido del habitual, si bien siguen siendo uno de los candidatos claro a Final Four este curso. El base Frank Mason está tirando de galones y se ha echado el equipo a sus espaldas con gran acierto, contando con la ayuda de un joven Josh Jackson que se ha aclimatado a la competición desde el primer día, mostrando desde el primer minuto sus agudas condiciones físicas y su facilidad de anotación. Difícilmente Self podrá conservarlo un segundo año en Lawrence. Además, el acierto exterior de hombres como Devonte Graham, el ucraniano Sviatoslav Mykhailiuk o el joven Lagerald Vick le ha dado mucha vida a Kansas en momentos clave de la temporada.

El ‘efecto Ben Simmons’

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Tal cual sucedió el año pasado con el ex-jugador de LSU, varias futuras estrellas están viendo que no son capaces de liderar a sus equipos para auparlos a posiciones privilegiadas a nivel nacional. Ya no porque no estén capacitados o no estén haciendo una gran temporada a nivel individual, sino porque más bien su equipo no acompaña.

El caso más llamativo es el del escolta Markelle Fultz, uno de los grandes freshmen de esta generación que está sobresaliendo de manera individual con la universidad de Washington, pero donde los Huskies acumulan ya cinco derrotas en 10 encuentros. Desde luego no se esperaba que los de Lorenzo Romar estuviesen codo con codo en la élite nacional, pero sí se intuía un número mayor de victorias tras la llegada de uno de los grandes prospects de toda la nación. Pese al mal inicio de los de Seattle, Fultz promedia 23.2 puntos, 7 rebotes, 6.5 asistencias, 1.9 robos y 1.2 tapones de media por encuentro. Eso sí, sus opciones de ser one-and-done crecen exponencialmente, así como su caché para el próximo draft.

Un caso ligeramente similar encontramos en la universidad de California, un programa del que se preveía que sí estuviese peleando a estas alturas por entrar dentro de los 25 mejores del país. Más aún cuando en sus filas milita uno de los potenciales Jugadores del Año de la competición y que el pasado curso eliminó su nombre del draft cuando era un potencial lottery pick, Ivan Rabb. El año de los Golden Bears no está siendo especialmente malo por balance (9-2) pero han sumado dos derrotas evitables ante Seton Hall y San Diego State, y su calendario non-conference ha sido bastante asequible. Además, Rabb cuenta con compañeros de la talla de Jabari Bird o Charlie Moore que, inclusive, le están empezando a quitar protagonismo ofensivo. Bird y Rabb han estado lesionados, pero con el equipo sano deberían de ir al alza, más ahora que empiezan los duelos de la PAC-12. Y Rabb, debe espabilar. Sus promedios de momento están siendo más discretos de los esperados: 15.2 puntos y 8.9 rebotes de media.

Cuesta ver a un programa del nivel de Michigan State fuera de los puestos de privilegio en los rankings nacionales. Han tenido uno de los calendarios non-conference más duros de todos (Duke, Arizona, Kentucky, Baylor…) acabando todos los duelos por derrotas, pero ha sido la última ante Northeastern recientemente la que hace que los Spartans tengan que sudar como nunca para pelear por un puesto en el NCAA Tournament. Sufrieron algunas lesiones importantes en el poste, pero surgió la figura de un Miles Bridges que ha sido -probablemente junto a Lonzo Ball- una de las grandes sorpresas de la temporada, un freshman cuyo rol aspiraba a ser casi secundario y que ha acabado echándose el equipo a sus espaldas. Sin embargo, una lesión en el tobillo hace un par de semanas ha dilapidado su progresión. Y por ende, la de los Spartans, que difícilmente levantarán cabeza hasta su vuelta. Promedia 16.6 puntos y 8.8 rebotes de media por encuentro.

Mejor mirar hacia otro lado…

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De la misma manera que podemos hablar de sorpresas y revelaciones, hay programas de los cuales se esperaba mucho más de lo que han ofrecido hasta ahora, y que por un motivo u otro están decepcionando en este inicio de competición.

El ejemplo más plausible desde las primeras semanas es el de la universidad de Connecticut. Ya no tienen el carisma ganador que le insuflaba Jim Calhoun, y si bien Kevin Ollie lleva unos años poniendo en vereda al programa de Storrs, con título nacional incluido en 2014, no parece que levanten cabeza. Bien es cierto que este año han contado con algunas bajas importantes en forma de lesión desde principios de año, como Alterique Gilbert o Terry Larrier, pero un conjunto con jugadores de la talla de Rodney Purvis, Jalen Adams o Amida Brimah no se puede permitir 5 derrotas en 10 partidos. Algunas, además, ante rivales claramente inferiores como Wagner o Northeastern. Como se descuiden, este año no van ni al NIT.

Ya lo comenté anteriormente, pero tres cuartos de lo mismo se podría aplicar a la universidad de Michigan State. Los de Tom Izzo han tenido muy mala suerte con las lesiones en verano de Gavin Schilling y Ben Carter, más aún cuando recientemente se ha sumado su principal valedor, Miles Bridges. Se esperaba un paso adelante de veteranos como Eron Harris o Tum Tum Nairn, y están siendo los novatos Bridges, Nick Ward y Cassius Winston los que están dando la cara por los de East Lansing. De momento acumulan 5 derrotas, y aún no han empezado a darse palos con el resto de la Big Ten. Hay que ser francos, pinta feo para los Spartans.

Tienen un equipo muy joven y con mucho talento que explotar, pero con un experto como Shaka Smart en sacar rendimiento a sus jugadores, hay que reconocer que se esperaba mucho más de los Texas Longhorns a estas alturas de la película. A día de hoy, colistas de la Big XII con un balance de 5-5, y sin enfrentarse en su calendario non-conference a ningún equipo del Top 25. Tienen dos compromisos bastantes factibles antes de arrancar los duelos de conferencia -UAB y Kent State- por lo que deberían de sacar pecho y confianza de cara a una posible elección en el Selection Sunday que, a día de hoy, se antoja muy lejana.

Podría citar también algunos programas más que también merecían estar en esta lista: Syracuse, St. John’s, Iowa, Harvard, UNLV, Washington, Alabama o BYU.

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